Infografía vs. visualización

A veces en el ámbito de la visualización de datos se cuelan términos que pueden llegar a usarse casi como sinónimos o no distinguirse apropiadamente. Perfilar sus rasgos puede ayudarnos a utilizarlos en el contexto adecuado. Podemos diferenciarlos a partir de dos puntos: su forma y su origen.
Infografía puede entenderse como una representación visual que:

  • Se elabora de forma “artesanal”, es decir con herramientas de diseño como el Ilustrator que requiere un tratamiento de la información ad-hoc.
  • Es específica a los datos que presenta, con lo cual cualquier actualización o modificación en los mismos resulta engorrosa o no trivial.
  • Posee un importante poder estético, visualmente atractiva. De hecho es su gran ventaja.
  • Sin embargo es relativamente pobre en cuanto a la cantidad de datos que presenta: por su propia naturaleza no puede mostrar mucha información porque el espacio está ocupado por los elementos estéticos y artísticos.

Un ejemplo:

Weighing the Risks of Entrepreneurship

Por contra, una visualización de datos podemos entender:

  • Generada por software de BI o estadístico. En cualquier caso uno cuya función es tratar con grandes volúmenes de datos y que permite un tratamiento automatizado de los mismos.
  • Precisamente por las herramientas que hemos utilizado para generarlo, es fácil replicar el mismo gráfico con diferentes conjuntos de datos acoplándolos a las dimensiones ya creadas; de la misma forma resulta fácil su actualización.
  • Su estética pasa a un segundo plano; es espartana o al menos sigue unos criterios estrictos que nos permitan centrarnos en los datos y no en cómo están presentados.
  • Su valor recaba en la riqueza de los datos representados.

Sería algo como alguno de los gráficos de este Cuadro de Mando:

Interfaz gráfico

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Las dos fases del data discovery

A la hora de crear un Cuadro de Mando que sea realmente útil debemos de comprender las dos fases diferenciadas que tenemos a la hora usar la visualización de la información. Son dos tipos de uso muy diferentes y nuestra solución debe permitir ambos.

En una de estas fases el cliente se enfrenta por primera vez a los datos y no tiene claro qué va a encontrar. Tiene que tomarles el pulso y para ello necesita verlos al máximo nivel de granuralidad e incluir diferentes dimensiones a pesar de gran parte de la irrelevancia de los datos con los que se va a enfrentar, pero es que no sabe cuáles son los importantes y cuáles son mero ruido. Es la etapa del análisis y está tratando de descubrir cuál es el significado de la información a la que se enfrenta. Busca patrones, tendencias o regularidades.

Pero llega el momento en que comprenderá qué está viendo, llegará  a conclusiones y entonces debe tomar decisiones respecto a qué datos aportan información significativa para dar soporte al conocimiento obtenido y cuáles no. Ahora ha de pulir la visualización de los datos de forma que elimine las dimensiones que no aportan nada o los periodos de tiempo que, por pequeños o grandes, difuminan el resultado que importa subrayar. Se trata de poner el foco en los insights conseguidos y trasladarlos a sus compañeros ya sea a través de un informe, una reunión o cualquier otra vía de comunicación corporativa. Es el momento que los gráficos sirvan de soporte para compartir el conocimiento y diseñar una estrategia.

Nuestra responsabilidad como diseñadores es tener prevista una flexibilidad tal en nuestro Cuadro de Mando que permita los dos usos y que el usuario pueda manipularlo moviéndose entre ambos sin mayor dificultad.

Data Ink Ratio

Durante el desarrollo de un cuadro de mando llega el momento de diseñar el interfaz de usuario. Nos encontramos entonces con dificultades para hallar directrices fiables que nos guíen para conseguir que los gráficos tengan un diseño que los haga “hablar” con el mínimo esfuerzo para el usuario.

Pues bien, Edward Tufte introdujo en los años 70 y 80 el concepto de Data Ink Ratio siendo éste el resultado de distinguir entre:

  • la “tinta” usuada para presentar los datos frente a
  • la utilizada en los elementos decorativos (sombras en barras, colores, etc.) que no comunica información y puede eliminarse sin que el gráfico pierda su sentido.

El objetivo es maximizar el primer tipo y minimizar el segundo para una lectura e interpretación eficiente de los datos en un gráfico.

Hay un debate entre la pertinencia de este principio de diseño: hay estudios que concluyen que un buen diseño en un gráfico no daña su eficacia y por el contrario potencia una buena experiencia de usuario que aumenta nuestra capacidad de retentiva.

Sin embargo esto quizás sea un malentendido: no es lo mismo ser minimalista que diseñar gráficos feos. Lo que prescribe Tufte mediante este ratio es una exigencia de sobriedad: reducir los elementos meramente estéticos que puedan hacer menos legible y efectivo un gráfico de forma que evite que su diseño no nos distraiga de la información que presenta. Esto sin embargo no debe despreciar la experiencia de usuario: un gráfico también ha de intentar ser memorable.

Seguido con sentido común resulta para mí un buen criterio a la hora de tomar decisiones cuando diseñemos gráficos.